Diariamente se realizan miles de descargas, generalmente ilegales, de música, vídeos y libros. Las sociedades de autores, ante las pérdidas económicas que estas descargas suponen, exigen a las autoriadades un mayor control de este tipo de delitos pero, ¿es esta una exigencia justificada?
Esta pregunta puede responderse desde dos perspectivas claramente diferentes. Por un lado están los millones de consumidores, a los que, fundamentalmente, les beneficia el carácter gratuito de las descargas ilegales. Además, estas descargas facilitan la difusión de la creación intelectual incluso a nivel internacional y permiten el acceso de prácticamente toda la población a la música, el cine y la literatura.
En el lado opuesto, están los autores de todos estos productos, quienes lógicamente consideran las descargas un robo. Mas, si bien es cierto que no es lícito hacer uso de la propiedad intelectual de otra persona sin pagar nada a cambio, los autores de esta propiedad no deberían poner en venta a tan elevado precio sus creaciones, lo cual justifican alegando que necesitan recuperar las pérdidas ocasionadas por las descargas. ¿Acaso no ganan suficiente dinero con los eventos públicos, tales como conciertos, proyecciones cinematográficas o firmas de libros y cobrando las tasas de derechos de autor?
En definitiva, antes de exigir un mayor seguimiento de las descargas ilegales, los autores deberían plantearse vender sus productos a precios más razonables, haciéndolos así más asequibles para la mayor parte de los usuarios, que ya no tendrían por que descargar ilegalmente.
Avii
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